sábado, 12 de abril de 2008

Whole

I’ve been called a sociopath and a misanthrope, but you know? I just think different

Yo desarrollo mis propios síndromes:
Síndrome Mousey.- La decisión de Tom al atrapar a Jerry, ¿lo suelto o me lo trago? Con las ideas peligrosas es lo mismo.
Lollipop Effect.- Pruebas la paleta lo suficiente como para querer mas, llega otra persona y te la quita, no puedes tenerla nunca más. Puede pasar con prácticamente cualquier cosa buena.
Topmost Jar syndrome. - Sabes que hay algo que quieres y lo puedes ver, esta en el estante mas alto, y el mas inalcanzable, por lo que al intentar subir puedes caer o puede que se te caiga y lo pierdas completamente. Creo que se explica por si mismo.

ok, por alguna razón, he empezado a tener ideas mas largas, esto supongo que también vendrá fraccionado en capítulos, por lo pronto un anuncio que he estado posponiendo: algunos de los datos en posts anteriores están equivocados, luego daré la lista de correcciones.



Mis tías siempre insistieron mucho en que no lo hiciera, y es que nunca me pude resistir a trepar todo lo que se me ponía enfrente, creo que comenzó con la primera vez que fui a un parque, vi la resbaladilla mas alta y su magnificencia me impacto a pesar de que ya estaba algo oxidada y casi completamente despintada, recuerdo subirme e imaginar que los borregos de café llegaban a balar desde el piso, como diciéndome que bajara por que se sentían pequeños. El aire soplando en mis oídos y las cosquillas de mis tripas me hacían nunca querer bajar, y a la fecha, conservo el gusto por sentirme en la cima.

Conforme avanzaba mi infancia, desarrollé ese gusto por escalar y ver a lo alto, me parece que una vez incluso apilé las cajas de comestibles que llegaban a la tienda de mis padres y junto con los cestos de basura hice mi cadena montañosa, en la que jugaba a que cazaba a las lagartijas de papel mientras montaba a mi cordero, el que no era de café, ese era de nuez de macadamia.

Viví en mis mundos de alturas y eso hasta que mi padre se sentó un día a hablar conmigo, me dijo que un niño de 13 años no debía andar por ahí jugando subirse a las cosas, me hablo sobre leyes y normas de modales y etiqueta, me dio dinero para ir a comprar paletas y yo tuve que obedecer.

Creo que durante un tiempo dejé de satisfacer mi sed de alturas, aunque aún sentía a los árboles insultarme por que ya no les daba masaje con los pies y los borregos de café estaban demasiado felices conmigo a su lado. Aproximadamente un año pasé sin sucumbir a mis necesidades, por que he de aceptar que las alturas son el aire que mejor me llena y el agua que más me sacia, pero entonces llegó aquel fatídico día, las termitas que ya mucho tiempo habíamos ignorado terminaron de carcomer la vieja alacena de la sala de estar, con una pata rota y la mitad de las conservas en el piso haciéndola apestar a una mezcla de hierbas y cosas concentradas que nunca supe que eran, tuvimos pues que reemplazarla, para eso conseguimos, lo que en mi opinión, era el mueble más bonito que había visto (sin contar por supuesto, los sofás de estornudos de borrego de nuez).

Es difícil describir lo mucho que me maravillaba esa alacena, que entre su extraordinaria habilidad para hacer que toda la casa oliera a ébano o pino dependiendo de la temperatura, tenía un no se que, además de que su altura era bastante atrayente. Eventualmente aconteció que tuve que bajar algo del estante más alto, el cual era el que mi padre utilizaba para guardar mis paletas de espiral en tarros de vidrio, coincidió también que ese mismo día, mi tía había dejado caer un alfiletero en la sala y como si todo fuera parte del plan, mientras trepaba para alcanzar mi paleta, resbalé y fui a caer sobre uno de los alfileres, (clavándose este en la parte de atrás de mi nuca) clavándose este en mi nuca.

Grande me pareció el susto que le di a todos, pues a pesar de que según yo no me había pasado nada, el golpe que se oyó debió haber sonado muy fuerte ya que caí como peso muerto.

Pasados los años, continué ignorante de lo que en realidad había sucedido, yo estaba contento por que ahora podía alejarme de los borregos de café y seguir cazando lagartijas. Con las ventajas que me ofrecieron la mayoría de edad y mi crecimiento, conseguí nuevas altitudes a las cuales podía llegar, desde las montañas que rodeaban mi ciudad hasta las cañadas a las que llegaba conduciendo 3 horas, mientras me imaginaba que el auto era un rinoceronte daltónico.

Conforme crecí, desarrollé otro gusto, me interesé por la medicina, y aunque todo el mundo me decía que una persona con tanto gusto por imaginar como yo, tendría problemas para concentrarse, yo decidí no hacer caso y seguir con ello. Resultó entonces, que una vez comenzado mi interinato en el hospital, tuve que hacerme unos exámenes, entre los cuales una radiografía, me indicó que había un pedazo de metal incrustado en mi cráneo, el cual estaba clavado de tal manera que ajustaba como un corcho a una botella, procedí entonces a permitir que lo extrajeran, pues aunque para mí no representaba molestia alguna, por alguna razón a ellos les preocupaba que un pedazo de metal estuviera dentro de mi cabeza.

Sucedió entonces que lo quitaron, y justo en el instante que desperté tras la operación sentí una extraña libertad, semejante a cuando retiras cinta adhesiva de un dedo que se esta poniendo morado, un respiro de alivio que llenó mis pulmones…y mi cráneo supongo. Exhale un olor a encerrado que se suavizó y me sentí ligero. Ese día recorrí la ciudad viendo jirafas condensadas, tritones montando manatíes rojos y veía la ciudad derretirse con una brisa de mercurio.

Esa noche me acosté, y cuando desperté, la primera pareja de conejos de salitre estaba caminando en mi cuarto y mis vendas estaban en el piso.

3 comentarios:

Aureliano dijo...

Este me encantó...
borregos de café...
puedo pedir uno de chocolate?

Lestrange dijo...

y te sientes con tus cosas fumadas XD

Sergio Ursúa dijo...

Oye maestro a mi me gusta esta prosa... ojalá la sepas controlar, así como las consecuencias que genera...

¿Por qué estas cosas no las metes a concurso?

Saludos.